¿Bilbao por sus bicis? (3)     Bidegorris de Bilbao: Como pollo sin cabeza


En la foto se aprecia parte del bidegorri de la Avda. del Ferrocarril que vuelve a resurgir unos metros más allá tras el cruce con Autonomía. La intrépida ciclista, con el semáforo abierto para ciclistas y peatones, se ve obligada a sortear toda clase de obstáculos como son ¡¡el propio semáforo!!, los bolardos, las adherencias de los firmes de diferentes tipos –no veas la emoción que sientes cuando llueve– y las defensas del tranvía, para poder seguir el trazado del bidegorri. 

Cruce de Autonomía con Avda. del Ferocarril con su MUY DEFICIENTEMENTE diseñado bidegorri. Su ejecución también clama al cielo. Puede verse en la foto que la experiencia que este impone a sus usuarios no solo es penosa sino peligrosa. 

No, no es un fotomontaje. Aconsejamos desde aquí para los amantes de las emociones fuertes sobre ruedas tipo Paris-Dakar que busquen ir más allá de sus límites, que antes de saltar sobre este bidegorri, que es lo mas, acrediten ante la autoridad competente, haber realizado cursos freeride, bmx –mejor uno que vaya por trialeras– o de descenso desde el monte Arraiz o Bentabarri cuando menos, para proveerse de la autoestima necesaria al acometer retos de este calibre, o para no ser acusados de chafar el mobiliario urbano en caso de no poder franquear tanta defensa. Un casco integral tipo moto –olvídate de la porquería del casco ciclista habitual–, además de rodilleras y coderas, no viene mal.

Y gracias a que en ese momento no pasaba ningún coche, porque la raya de parada para los coches (no es un caso aislado) permite que estos avancen hasta mas allá de la mitad del carril-bici, aunque la verdad es que en realidad esto no supone ningún problema en Bilbao porque, como sucede habitualmente en la capital, cuando un bidegorri está por llegar a un cruce, éste simplemente desaparece convirtiendo a sus usuarios en elementos extraños de golpe, ajenos a contexto alguno que justifique su presencia, con lo que ello conlleva. Así que, si hasta ahora pasabas desapercibido y no conseguías llamar la atención, no te preocupes,  pero no vayas a malgastar la pasta en hacerte más piercings o más tatuajes, que te aseguro que en los cruces sí te van a mirar y remirar al surgir de la absoluta nada con tu máquina.


Y MAS ADELANTE MAS PELIGRO. Tras una curva de 90º el bidegorri pasa junto a una salida y entrada de garaje. Un ciclista viniendo por el carril izquierdo y un coche saliendo del garaje por la puerta de la izquierda, es muy difícil que se puedan ver hasta no chocarse practicamente.

 

Otra característica de los bidegorris bilbaínos es que no resulta fácil ver por dónde discurren cuando circulas por algunos de ellos. Aparecen, desaparecen, aparecen, desaparecen… Son unos bidegorris muy creativos, la verdad, con la ventaja añadida de que desarrollas mucho la visión periférica y la intuición. Aquellos que se inclinan por las introspecciones terapéuticas alternativas, tienen aquí un filón. Te aseguro que te vas a hacer un montón de preguntas: ¿Habré llegado al final? ¿Debería cruzar al otro lado? ¿Será verdad que por esta vez puedo dejarme llevar?, ¿opto por cruzar la calle a la vasca ante esta sensación de abandono total?, ¿salto a la carretera que va a toda leche aprovechando el semáforo? …


Llegando a Zunzunegi – muy difícil para las bicis por su alta densidad de tráfico, puerta de entrada y salida en Bilbao– el bidegorri se desvanece. Lo hace con elegancia, eso si –para ir a tirar la basura está muy bien–, pero denotando al mismo tiempo una TOTAL FALTA DE IMPLICACIÓN EN SU DISEÑO. Unos pocos metros mas hubieran bastado para alcanzar la estación intermodal de San Mamés, Ingenieros, EiTB o Hacienda. ¿Por qué no lo hace? No se sabe. Así son los bidegorris en Bilbao.

 

Sendeja

Foto antigua de Bilbao. Impensable hoy en día, con los coches como dueños y señores absolutos de las calles. Aunque en la imagen también se observa que la villa ya ha comenzado con su proceso de transformación para adaptarse al coche instalando barreras para que las personas no crucen libremente.


De vuelta a nuestro peculiar bidegorri de la Avenida del Ferrocarril, si cruzamos el semáforo en sentido contrario al de la foto, nos encontramos con que éste pasa a situarse al otro lado de la calzada tras dos semáforos seguidos que te demoran una eternidad. ¡Qué creatividad! ¡No me digas que no es mucho más creativo que diseñar un final que no te esperas, una interrupción inesperada o una curva de 90º sin curva. ¡Un bidegorri que se sabotea a sí mismo nada menos! ¡Es la caña! ¡Sííí! ¡Hagámoslo, qué diseño! ¡Y si además se pierde antes de llegar al barrio de Errekalde –¡por favor!– a la estación de Amézola o a la Escuela de Ingenieros o a Termibus en el otro extremo, ¿qué tal?

Con lo aburridas que son las carreteras, tan predecibles y señalizadas... ¿¿Pero a quién se le ocurriría diseñar una carretera que no lleva a ninguna parte, con firmes no adherentes y que no sirva para nada porque lo que unen sus extremos es precisamente la nada??


"¡AY!, FIN DEL CARRIL-COCHE OTRA VEZ. ODIO TENER QUE COMPARTIR LAS VIAS CON EL TREN"       fuente: stevepatrickadams.com


Supongo que a nadie. ¿Te imaginas a los coches invadiendo aceras, pasos de peatones o vías de tren o tranvía gracias a ese modelo? Ahora, que mientras estos fantásticos diseños sean para las bicicletas, no hay ningún problema. 

Habrá que deducir por tanto, que de lo que se trata precisamente es de crearles problemas a los freakies o entusiastas e inconscientes usuarios que todavía se atreven a circular por estas "curiosas" instalaciones, no vayan a animarse algunos a poner en valor el circular en bici por Bilbao precisamente. Que esto de ser los últimos en movilidad ciclista en Euskadi y también en España no se improvisa de la noche a la mañana. ¿O hay alguien que piense todavía que tan triste honor se atesora  sin mas?


De nuevo una muy peligrosa salida y entrada de garaje cruzando un bidegorri. La visibilidad  es además muy mala y no hay ningún tipo de señalización que advierta del peligro. De hecho, UN CICLISTA que iba por el bidegorri o por lo que queda de el, ACABA DE "TOPARSE" con un coche negro que salía de su garaje. Tal y como se puede apreciar, el ciclista ha ido a parar a las vías del tranvía y yace todavía en el suelo esperando a la ambulancia. Si el tranvía hubiera pasado unos segundos antes no me lo quiero ni imaginar. Y en San Ignacio otra ciclista que también iba por el bidegorri fue arrollada pocos días antes por una furgoneta y permanece en coma en el hospital. Pero aquí no pasa nada. En otros países arrollar a un ciclista que va por su vía merece la consideración de homicidio. Un mal diseño (falta de interés) de nuevo, vuelve a propiciar estos lamentables sucesos.


Aunque lo peor de todo es que no se aprecia preocupación alguna por salir del agujero.  Y eso que con un poco de ganas se podría mejorar mucho, pero por el momento esto es lo que hay.

¿Bicicletas? ¿En Bilbao? ¡Aquí movilidad sostenible se escribe con "S" de suela de zapato, "B" de bilbobus o "M" de metro! Y ya vale de hablar de pedacitos de bidegorris o de discutirle el espacio al coche en sus calles. ¡Qué bonitas las nuevas estaciones de la nueva linea de metro con sus fosteritos! (*)

Acuérdate, se llama política coherente de implantación de la bicicleta como medio de transporte en nuestro territorio



(*) Con esto no digo que no me alegre del estreno de la linea 3 de metro, claro que si. Que este llegue hasta los barrios altos de Bilbao, cercanos pero lejanos al mismo tiempo por su orografía y facilite la movilidad de su gente y su incorporación al resto de la red está muy bien. Pero hay otras opciones como transportarse en bici –hay que hacerlo mas viable y seguro, si realmente se apuesta por ello– que deberían irse implementando también. Las calles no pueden ser el salvaje oeste donde impera solamente la ley del mas fuerte. Una ciudad que se ha vuelto mas abierta y atractiva como Bilbao no se puede permitir el lujo de que la retraten así. Es como no tener los deberes hechos. Un síntoma de que hay algo que no anda bien...

© Iker Diaz 2016